lunes, diciembre 01, 2008

 

Indulto, punto final, borrón y cuenta nueva.

Aquellos que sigan las noticias estarán enterados de las nuevas medidas que el gobierno nacional va a tomar para soportar la crisis mundial.
Entre ellas, se encuentra la posibilidad de facilitar la repatriación de dinero colocado en el exterior.

A simple vista, parece una idea sensata. ¿Pero qué implicancias tiene más allá de lo que oficialmente se propone?
Lo que haría una ley como esta es nada más ni nada menos que permitirle a muchas empresas liberarse de los cargos judiciales en temas de transacciones monetarias.

El caso más conocido, quizás, es el de Skanska. Luego de esta ley, pagando cierto dinero (menos al que antes se les exigía), quedaría libre de cargos.
Y así muchas otras, como el de Antonini Wilson

Hay algunos que dicen y que denuncian, como Elisa Carrió, que esto tiene que ver también con una empresa constructora de Santa Cruz vinculada a Néstor Kirchner. Veremos qué resulta de ello.

Que esta medida sirva para reactivar, o impedir que se desplome tanto, la economía, puede ser cierto. Pero no deja de ser cierto también que, al parecer, uno puede hacer cualquier macana en este país y siempre algún presidente o alguien, en algún momento, va a permitirte salir airoso.

Hay un abismo de diferencia, lo sé, pero me tomo la licencia para terminar con una frase que pretende ser esclarecedora en su comparatividad:
Tuvimos en una época indulto político y judicial, perdones, hacia las fuerzas armadas.
Ahora vivimos una época de indultos y perdones hacia las fuerzas económicas.

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